A 50 años de la formación de Queen: exuberancia, descontrol y grandes canciones

En mayo de 1970, la banda Smile se quedó sin cantante. Un joven de 24 años se ofrecíó para el puesto. Brian May y Roger Taylor lo aceptaron de inmediato. Freddie Mercury propuso el nuevo nombre del grupo. Las dificultades para grabar el primer disco. La llegada del éxito. Los hits . Las históricas presentaciones en vivo.

A mediados de mayo de 1970, hace cincuenta años, la pequeña banda inglesa empezaba de nuevo. No habían tenido demasiada suerte todavía, pero ellos creían que tenían tiempo. El bajista y cantante Tim Staffell se bajaba del grupo. El guitarrista, Brian May, y el baterista Roger Taylor seguían adelante. Conseguir quien cantara no les resultó difícil. El reemplazante lo tenían frente a ellos. Freddie Bulsara, el compañero de cuarto de Staffell, iba a cada uno de sus shows y ya les había pedido una oportunidad. Freddie se moría por cantar en Smile pero Brian May se negaba. “El cantante es Tim”, repetía (años después diría: “Tim era nuestro Sting. Pero un Sting sin ego alguno”). Aunque, ante la deserción de Staffell y la evidencia de lo que Freddie podía hacer frente a un micrófono, debió cambiar de parecer.

Con un nuevo cantante, y en busca de un bajista, la banda era otra y por lo tanto necesitaba también un nuevo nombre. Freddie fue el que hizo la propuesta. “Queen”, dijo. Al ver el gesto receloso de los otros, se apresuró a justificar su elección. “Es un nombre que tiene que ver con la realeza, es universal, contundente, musical, inmediato y, principalmente suena espléndido”, dijo. Roger Taylor contó que al principio creyó que era una broma, que la connotación gay era demasiado evidente. Pero Freddie expuso sus argumentos seductoramente y los convenció. Fue la primera de muchas batallas que ganaría.

Freddie cambió su apellido original por Mercury. Le pareció que era más acorde a una estrella. Algo que él siempre tuvo la convicción que llegaría a ser. Una compañera de estudios, Audrey Maiden, contó que a los veinte años en cada formulario que llenaba, cuando le preguntaban la profesión, Freddie escribía músico. “No importa si no es verdad todavía, muy pronto lo será”, decía él.

Roger Taylor tocaba en diferentes grupos desde los 15 años. Brian May había tenido un módico suceso con su primer grupo, 1984, antes de conformar Smile. Mientras tanto estudiaba astronomía en el Imperial College. Cuando la banda con nombre orwelliano se disolvió, May hizo lo que se hacía en esos tiempos. Puso un aviso en una revista musical anunciando que buscaba baterista. Y el que apareció fue Roger Taylor.

La madre de Roger Taylor le consiguió una fecha a la flamante banda para tocar en un evento para la Cruz Roja. Win Taylor hasta pagó dos avisos en el diario local. Pero lo hizo con el viejo nombre del grupo, Smile. Ensayaron casi un mes, se acopló Mike Grose como bajista, y el 27 de junio de 1970 Queen tocó por primera vez en público. La primera canción que se escuchó, sostienen algunos de los testigos, fue Stone Cold Crazy, que recién grabaron en su tercer álbum, Sheer Heart Attack. En ese tiempo el repertorio estaba integrado por canciones de Smile, algunas propias y varios covers (en especial del rock de los primeros tiempos: Little Richard y Elvis). Freddie Mercury demostró esa noche que tenía un carisma especial. Más allá de algunos pifies técnicos y varias inconsistencias, su presencia escénica era llamativa. No había nacido para pasar inadvertido. “Fue la primera vez que cantó con nosotros. Pero parecía que había nacido sobre un escenario. Cantaba bien, claro. Pero lo sorprendente era todo lo otro. Era mucho más que un cantante. Era un performer” rememoró Roger Taylor.

El grupo empezó a tocar casi todos los fines de semana. Las actuaciones, siempre para públicos no demasiado nutridos, eran cada vez más asiduas. Cambiaron el bajista; se sumó Barry Mitchell que sería reemplazado en marzo de 1971 por John Deacon. Queen llegaba a su formación definitiva. Aunque el camino hasta el debut discográfico fue largo.

“Nos costó mucho hacernos un lugar. Más de dos años para conseguir contrato discográfico. Había muchos grupos tratando de hacerse notar en esos años, peleándola como nosotros. Después costó, también, que nos aceptaran, que nos tomaran en serio. Fue duro, pero nosotros teníamos confianza y todas esas vicisitudes nos hicieron más fuerte como grupo” contó Brian May.

Tardaron dos años en grabar su primer disco cuyo título era sólo el nombre de la banda. La tapa, toda una declaración de principios. Un seguidor iluminando a Freddie en escena, algo de humo, el gesto teatral, los brazos levantados y el micrófono de pie en una mano. Una imagen exuberante para que nadie se sorprendiera con lo que iba a encontrar. O, tal vez, una profecía de lo que sería su carrera.

La propuesta escénica de Queen era innovadora y contundente. Sus shows fueron cada vez pareciéndose más a su líder. Las presentaciones no eran teatrales, eran mucho más que eso. Larger than life decían los ingleses. Eran operísticas. Apostaban a la grandilocuencia, al impacto. Eran pretenciosas, épicas, magníficas, excesivas.

Con el tercer LP llegó el primer éxito. Killer Queen subió en los charts. Habían logrado hacerse notar. La propuesta siempre fue ambiciosa y con poder. Para el cuarto disco llegó la consagración. Una Noche en la Ópera fue un suceso extraordinario. Sin lugar a dudas, lo que consiguió instalar definitivamente a la banda fue Rapsodia Bohemia, un tema que representaba al grupo de una manera cabal. Ambición, ideas, exuberancia, personalidad. No aceptaron sacar el tema como single editado y acortado. Ese debía ser el sencillo de promoción y debía durar más de seis minutos. Los ejecutivos de la discográfica consideraban un suicidio editarlo. “¿Qué radio va a pasar una canción de 6 minutos?” preguntaban. La respuesta: todas y durante más de cuarenta años. Mamma ohhh ohhh, Galileo, Scaramouche, ópera, solo de guitarra imbatible, balada, historia de un asesinato, ausencia de estribillo, sobregrabaciones: una canción inmortal.

A partir de ese momento nadie pudo parar a Queen. Disco tras disco el éxito se repetía. Cada álbum tenía al menos dos grandes hits. Los shows cada vez eran más contundentes. Convertidos en artistas globales, en 1978 la discográfica organizó una gran presentación de su disco Jazz, el que contiene entre otras Fat Bottomed Girls y Don´t stop me now. Invitó a más de 400 periodistas de todo el mundo a Nueva Orleans. Presenciarían un recital y luego habría una gran fiesta. Luego del show, los invitados llegaron al enorme salón en el que ocurriría la presentación del disco. Los atendían hombres y mujeres semidesnudos con bandejas repletas de ostras y champagne. La fiesta fue subiendo el tono y culminó de madrugada convertida en una multitudinaria bacanal.

Queen es la segunda banda inglesa de mayor venta de la historia y previo al boom que provocó la película Bohemian Rhapsody el año pasado, el séptimo artista más vendedor de la música moderna. La película puede haberlos subir un escalón más en ese ranking. El éxito comercial es evidente, sin embargo conquistar a la crítica especializada les costó muchísimo más que al público. Hasta se podría decir que nunca lo consiguieron. En Estados Unidos, la crítica nunca los tuvo entre sus favoritos. Ni siquiera los consideró. Cada crítica de sus lanzamientos eran demoledores; un concurso de frases ingeniosas devastadoras que repelían la propuesta del grupo británico. El pastiche de estilos, lo difícil de encuadrar de su música, la búsqueda de efectividad y, también, por qué no, lo desparejo de sus álbumes, hizo que las reseñas de sus discos y sus shows fueron negativas. La Rolling Stone llego a decir que Queen fue la primera banda verdaderamente fascista. Acusaban a Mercury de ser un Jagger clase B. Al público poco le importó.

¿Cuál era el género de Queen? Incursionaron en el Heavy Metal, en el vaudeville, el pop, la operística, la balada, el glam y una decena de estilos más. A veces intentaban hacerlo todo a la vez. Bordeaban la frontera de lo bizarro pero (casi) siempre superaban el desafío a fuerza de talento, desparpajo y una demencial confianza en sí mismos. El encanto de lo excesivo representado en la magnética figura de su cantante. Pero no sólo se trató de la inmensidad escénica de Mercury, la ductilidad de May, la potencia de Taylor o la solidez de Deacon. Queen creó canciones perfectas a lo largo de más de quince años. Quien se quede en lo bombástico y en el exceso se está perdiendo lo más importante.

En los ochenta sus trabajos discográficos fueron menos sólidos que los de la década anterior aunque en cada uno había, al menos, una canción destinada a convertirse en clásico. Por ejemplo, si la gran mayoría coincide en que Hot Space es un disco (muy) flojo, también es cierto que la canción que lo salva es nada menos que Under Pressure, esa gema en colaboración con David Bowie. En el grupo todos componían y eso nutría el acervo de canciones de manera diferente a lo que sucede en otras bandas. Como contraste es en esa década en que sus presentaciones en vivo son cada vez más virtuosas y exitosas. El público de cada uno de sus conciertos se convertía en el coro más grande del mundo. Había juego de luces, un sonido de una potencia infernal, escenografía, cambios de vestuario, diseño de escenario, lenguas de fuego. Era un espectáculo que conducía un showman único, un encantador de multitudes.

La banda detrás del performer no desaparecía ni pasaba desapercibida. Era una tormenta perfecta que no sólo apoyaba a esa otra fuerza de la naturaleza que era Freddie; también lo impulsaba.

Uno de las cumbres de sus presentaciones en vivo fue la ya célebre presentación de 1985 en el Live Aid. Poco más de un cuarto de hora que subyugó y terminó de cimentar el mito. Bob Geldof, el organizador del evento benéfico televisado globalmente, encontró la razón que explica que Freddie haya brillado de tal manera esa tarde: “Fue el escenario perfecto para Freddie, la medida exacta para él: el mundo entero”.

Luego llegó la enfermedad de Freddie Mercury. Innuendo con The Show must go on es el último disco que grabaron. Freddie murió de sida en 1991. En 1995 aparecía otro disco con inéditos y outtakes. Pero la leyenda ya estaba escrita. Sus discos de grandes éxitos (tienen tres y no hay ningún tema de relleno; el nombre se puede interpretar literalmente: todas las canciones incluidas son grandes éxitos) se siguen vendiendo y escuchando hasta la actualidad. El grupo se convirtió en leyenda y sus temas en himnos que pasan de generación en generación porque ellos, esos cuatro músicos reales (de la realeza del rock), qué duda cabe, siguen siendo los campeones.

Compartir en: