Ricardo Arjona apunta contra la fama superflua de los artistas

En El blues de la notoriedad, incluido en su flamante álbum, Blanco, el cantautor guatemalteco se mete con la frivolidad del mundo del espectáculo.

Tal como lo anticipó una semana atrás, Ricardo Arjona acaba de lanzar al público El blues de la notoriedad, un nuevo tema de su álbum Blanco, que solo fue publicado completo en el website del artista, al que sólo acceden quienes acrediten su memebresía.

En este nuevo estreno (que durante sus primeros 26 segundos suena como podría sonar el inicio de algún “bluesito” de Los Rolling Stones, Tom Petty o el mismísimo Bob Dylan), Arjona toma la iniciativa y hace blanco en esa especie que hace del patetismo personal su fuente de ingresos, subsistencia y, gracias a algunas programas que intrusan la pantalla de la caja boba, su trascendencia.

“Toman pastillas para mentir/Se gastan lo que no hay en fachadas/Cuando conviene saben sufri/Haz drama y te darán la portada”, sigue cantando, con el respaldo de una “bandita” que suena de maravillas y un coro “blacanblú” que también.

Mientras tanto, él la emprende contra el mundo de las grandes compañías de discos: “Un financiero será el director/Y quién decidirá el repertorio/Plan de mercado, lanzamiento mundial/¿La radio?/Ya está todo listo/Compren los views y la red social/Después escuchamos el disco”.

“Yo no me peleo con el éxito de otros. Ya hay bastantes que se pelearon con el mío. No me gusta el autor que aborda el éxito de un tema de otro con acidez. Yo voy por mi camino. Por oficio, podría hacer una canción sobre el huracán Irma, un disco de reguetón, o un dueto, que hoy está de moda. Yo le puedo fallar a todo el mundo, pero no puedo fallarme a mí, porque respeto mucho mi sueño. Y no duermo tranquilo haciendo cosas para quedar bien”, decía Arjona a Clarín, en una entrevista realizada tres años atrás.

Será entonces que el artista pone en casilleros separados al “éxito” y la “notoriedad”. Y por ese lado va la cuestión en El blues de la notoriedad, por el de los “payasos” que tienen su puestito en una feria de vanidades y excesos a la que le sobran patrocinantes. Todo sea por el rating. O por un clic.

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