‘The Wall’ de Pink Floyd cumple 40 años

Un disco doble que marcó a una generación. La mirada de Roger Waters sobre las guerras, los miedos y la locura. Recordamos cómo nació esta importante obra.

Todo comenzó la noche del 6 de julio de 1977, cuando Roger Waters perdió el control sobre el escenario del Olympic Stadium de Montreal. Un joven fan, ubicado a metros de la tarima, se pasó todo el recital gritándole cosas, pidiéndole canciones. El artista, cansado de la provocación, lo escupió. Fue el último recital de la gira de presentación del disco Animals y el músico estaba agotado. Aunque ese episodio le dejó un sabor amargo, también fue un motivo de inspiración para Waters.

“Fue una actitud fascista. Me asustó. Pero hacía mucho tiempo que sabía que en esa gira, que odié, algo andaba mal. No sentía conexión con el público”, contó el bajista, cantante y principal compositor de Pink Floyd a la revista Rolling Stone en 1980.

Ese momento de bronca e ira por parte del músico inglés lo llevó a encarar una obra magnífica. Una alineación que la transformó en arte. Fue el origen del concepto de The Wall: la creación de un muro gigante para separar a la banda del público..

Después de la gira de presentación del disco Animals, los integrantes se tomaron unos días de descanso. David Gilmour y Richard Wright aprovecharon para publicar sus discos solistas. Mientras tanto, la maquinaria creativa de Roger Waters no paró su actividad. Ese momento agresivo en el show de Montreal lo había marcado.

A mediados de 1978, el compositor se juntó con sus compañeros y le presentó dos ideas en la sala de ensayo: uno era The Wall y la segunda The Pros and Cons of Hitch Hiking (Pros y contras de hacer dedo), una suerte de novela musical inspirada en su viaje por Europa y Medio Oriente antes de comenzar a estudiar en la universidad. El proyecto elegido fue el primero.

La banda, con un fuerte presupuesto de la compañía grabadora, se metió en distintos estudios – entre abril y noviembre de 1979- para darle vida a sus nuevas canciones. En ellas, Waters trató temas como la guerra, la muerte, el fracaso o las drogas, entre otros.

En un momento, el trabajo se volvió más denso. El clima entre los músicos no era el mejor.“La relación fue tensa entre los integrantes. Principalmente entre Waters y el resto de los músicos. El productor tuvo que mediar entre ellos. Waters estaba decidido a que The Wall sea su obra”, describió el periodista Sergio Marchi, autor del libro Roger Waters, paredes y puentes: el cerebro de Pink Floyd.

El disco salió el 30 de noviembre de 1979 en el Reino. Un álbum doble que relata la historia ficticia de una estrella del rock llamada Pink, que vive en carne propia distintas desgracias como la muerte de su padre en la Segunda Guerra Mundial, más la sobreprotección materna, la opresión de la educación, los fracasos sentimentales, y la locura, entre otros.

“Waters quiso hablar del aislamiento, del trauma de su papá muerto en combate y toda la serie de catástrofes psicológicas que se manifestaron en él desde ese hecho desafortunado que hoy lo sigue afectando de alguna manera. The Wall también quiso ser un alegato antibélico y lo es. Mezcló todo como hacen los grandes artistas”, definió Sergio Marchi.

“Estaba tratando de encontrarle sentido a mi vida. En punto, lo logré”, describió Roger Waters en una entrevista sobre el concepto del álbum.

The Wall fue el último de los discos conceptuales de los ’70. Ocupó el primer puesto en las listas de los Estados Unidos durante quince semanas y recibió el certificado de platino 23 veces.

In the Flesh? es el tema que abre la magnífica obra. Una suerte de prólogo de la historia del personaje Pink. El miedo y la soledad le dan vida a la gran pared. Another Brick in the Wall es otro de los clásicos del disco, dividida en tres partes. La primera recuerda la muerte del padre de Waters.

La segunda, la más famosa, es un análisis de la enseñanza en los colegios. “No necesitamos educación”, canta Roger. El músico y autor del tema no está en contra de ella; reclama una nueva y mejor. Un profesor que se convierte en un nuevo ladrillo en esa pared imaginaria.

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